
Anverso y reverso de una de las fotografías que Rodrigo Moya tomó a García Márquez luego del puñetazo de Vargas Llosa. Fuente: Centro Gabo.
Uno de los episodios extraliterarios más recordados en la historia del Boom y de la literatura mundial es el puñetazo que Mario Vargas Llosa propinó a Gabriel García Márquez el 12 de febrero de 1976 en un teatro de la Ciudad de México. La correspondencia reunida en Las cartas del Boom, sin embargo, no registra el episodio. Tampoco se encuentran noticias o comentarios sobre el incidente en las cartas cruzadas entre otros escritores y críticos literarios de la época. Parece ser que un exceso de prudencia llevó a muchos a abstenerse de comentar por escrito el escándalo del que todos hablaban (los teléfonos debieron estar muy ocupados en las horas y días subsiguientes) y que la prensa de esos días recogió ampliamente. Por una parte, no se tenía información certera sobre lo que había pasado esa noche y, por otra, muchos eran amigos de los dos escritores involucrados y, por tanto, prefirieron evitar comentarios que pudieran causar molestias. No se puede descartar, por otro lado, que algunas cartas con alusiones al incidente fueran purgadas de la correspondencia depositada en distintos archivos.
Los diarios íntimos de algunos escritores vinculados al Boom sí registran noticias e impresiones. Ese fue el caso de José Donoso y José Emilio Pacheco, ambos cercanos a los dos protagonistas del incidente. A diferencia de las cartas, los diarios permitían, al menos por un tiempo, mantener esas impresiones lejos de miradas ajenas. Tanto Donoso como Pacheco depositaron sus diarios en la biblioteca Firestone de la Universidad de Princeton y ellos se pusieron al alcance de los investigadores después de la muerte de sus autores.
Cubierta del Cuaderno No. 47 de los diarios de José Donoso.
Biblioteca Firestone, Universidad de Princeton
Esto escribió Donoso en su diario:
Sitges, 12 de febrero, 1976
Esta mañana, temprano, Jorge Edwards llamó para dar la noticia y chafardear sobre [el] pugilato García Márquez-Vargas Llosa en México. Terrible. Inexplicable. ¿Cómo puede ser tan grande el odio? ¿Después de haberse querido y admirado tanto? ¿Y Patricia? ¿No es la mujercita latinoamericanita sumisa, y se acostó en realidad con el Gabo? ¿Qué diablos pasa? De alguna manera esto termina definitivamente el “boom”. ¿Es tan víctima Mario? ¿Es tan canalla Gabo? A mí en realidad, no me gusta, como ser humano, ninguno de los dos. Los dos son fríos. Sin ternura ni pasión, pese a los puñetes. Sin lo que la Inés Figueroa llamaba “el rinconcito para el misterio”. Una consideración frívola, tal vez, pero indica tanto sobre la gente. (Cuaderno 47, pp. 126-127)
La entrada debió ser escrita en la mañana del 13, debido a la diferencia horaria entre México y Sitges. Se deduce que Donoso no sabía nada y recien se enteró por Edwards, quien le transmitió información de segunda mano. Donoso habla de “pugilato” y “los puñetes”, dando por hecho que fue una pelea en la que se intercambiaron golpes, pero se sabe que no fue así. Y da por hecho que la causa de la agresión fue que Patricia, esposa de Vargas Llosa, “se acostó con el Gabo”, una de las tantas versiones que circularon luego del incidente.
De paso, Donoso aprovecha la ocasión para poner por escrito, una vez más, sus sentimientos hacia ambos colegas. Donoso tuvo una compleja relación con ellos y los otros escritores del Boom, en la que se mezclaban admiración, celos, envidia y antipatía. Apenas unos días antes, el 20 de enero, Donoso escribió en su diario:
Está en Barcelona G. García Márquez. Lo llamé y le dejé mi número, pero dudo que en los dos días que está aquí vaya a llamar. La Gaba viene a pasar un mes en febrero –a levantar la casa, me imagino. Dudo que vuelva a ver a Gabo más que de pasada en lo que me queda de vida. Je ne le regrette pas. Es simpático, pero no me gusta la gente simpática, y es una de las tantas gentes que han pasado por mi vida. En su momento, importante: envidia y deseo de emulación. Pero ninguna relación personal. No toca a nadie. Y como yo ahora estoy aislado, no me encuentro en la mejor posición para hacer contacto con él. Veremos. (Cuaderno 47, p. 92)
Un mes después, el 20 de febrero, anticipaba el lugar que él esperaba ocupar hacia 1980 en el tinglado de la literatura latinoamericana:
Para entonces, debo tener una cuantiosa obra detrás mío, y ser ya uno de los pilares literarios de América Latina. EL que fue siempre escritor y nunca otra cosa (Fuentes, ambición de poder; Cortázar, G. Márquez aprovechados de la política izquierdista; Vargas, mártir de sí mismo y su locura). Yo, en estos cuatro años de paz económica, debo consolidarme definitivamente, y mundialmente, como escritor. (Cuaderno 47, p. 133)
Gabriel García Márquez, José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis (c. 1970)
Por su parte, el poeta y narrador mexicano José Emilio Pacheco registró en su diario varios apuntes sobre la visita de Vargas Llosa a México y el puñetazo a García Márquez. Él era amigo tanto de Vargas Llosa como de García Márquez (y, recordemos, Vargas Llosa les dedicó, a él y a su esposa Cristina, su estudio sobre el colombiano), pero no estuvo presente en el teatro la noche de la agresión. Esos apuntes nos permiten acercarnos al desconcierto y la incertidumbre con que él, y seguramente muchos otros, reaccionaron ante la noticia. Quizás el dato más relevante sea el que ofrece Pacheco luego de su encuentro con Vargas Llosa el 3 de febrero, varios días antes del incidente: este le habría dicho que no quería ver a García Márquez. Aunque Pacheco no comenta esa actitud del peruano, debió haberle llamado la atención, pues conocía de sobra la amistad que hasta entonces los unía. Pero también sabía Pacheco que las discrepancias políticas habían generado un distanciamiento entre ellos, por lo que quizás atribuyó a ellas el deseo de Vargas Llosa de no querer encontrarse con García Márquez. Pese a todo, el encuentro se produjo, con los resultados por todos conocidos.
Transcribo a continuación las anotaciones que hizo Pacheco en su diario, todas correspondientes a 1976.
Llegó Mario a hacer el doblaje de “Pantaleón” pero hasta el momento no nos ha hablado.
Sábado, 31 de enero
Debo confesarlo: me dolió que no me llamara Mario y no sé a qué atribuir su alejamiento –con pocas gentes me he portado tan leal.
Lunes, 2 de febrero
Nos habló Patricia y probablemente veremos mañana a los Vargas Llosa.
Martes, 3 de febrero
Vino a verme Manuel Ulacia, joven poeta nieto de Altolaguirre y editor de “El zaguán”, un grupo que no parece nada hostil. El diálogo fue grato –como la entrevista en el “Geneve” con Mario y con Patricia. Mario vino a regrabar su película y ha encontrado miles de problemas. Me dijo que no quería ver a García Márquez y que “El otoño” era lo peor que había escrito.
Lunes, 9 de febrero
Quise contestar cartas pero salimos con los Vargas Llosa y todo fue muy agradable.
Jueves, 12 de febrero
[George] McWirther se confundió y me esperó en vano frente al “Geneve”. Llevaba su traducción de mi libro. Lo dejó con Mario –que mañana regresa al Perú.
Viernes, 13 de febrero
Pasé todo el día bajo el desconcierto de una increíble noticia que leí al despertar: anoche, cuando García Márquez se acercaba a abrazarlo, Mario lo derribó de un puñetazo y le gritó que era imperdonable lo que le había hecho a Patricia en Barcelona (?). Como es natural, se produjo un escándalo; Mercedes gritó injurias a los Vargas Llosa –que hoy se fueron de México sin despedirse de nosotros.
[Nota: El signo de interrogación está en el original. Ver imagen abajo.]
García Márquez sufrió una desviación del tabique a consecuencia del golpe.
Me indignó que los colombianos atribuyeran a motivos políticos el pleito de Mario y Gabo.
Sábado, 21 de febrero
Salvador [Elizondo] me trajo la nueva Enciclopedia Británica y la explicación del pleito, luego confirmada por la A.P. (No obstante, puede tratarse de una especie difamatoria). Al parecer Mario dejó durante varios meses a Patricia para irse con una o más amigas. García Márquez le recomendó a Patricia que se divorciara. Ella le hizo caso e inició los trámites. Pero se reconciliaron y, al enterarse, Mario juró venganza. Todo me parece de veras lamentable.
Domingo, 22 de febrero
“El Día” recogió la contestación de “Alternativa”, la revista de Gabo, a los golpes de Mario. La respuesta es canallesca –pero si me hubieran golpeado, ¿qué hubiera hecho yo?– y deja a García Márquez como héroe de la izquierda y a Mario como villano que se opuso a Cuba en el caso Padilla, criticó la transferencia a los sindicatos de los periódicos peruanos (en realidad censuró que el gobierno de Velasco no dejara prensa libre) y no aceptó la invitación a juzgar a Chile en el Tribunal Russell (esto fue porque ya estaba peleado con García Márquez).
[Nota: Pacheco se refiere al artículo “Gabo y Vargas Llosa. El trasfondo político“, publicado en Alternativa].
Miércoles, 25 de marzo
Anoche, al llegar a casa de Xirau, nos encontramos a García Márquez. Nos saludó afectuosamente.

